"Un breve ensayo literario sobre las cosas que nadie sabe sobre la ajetreada vida dentro de una cocina".
knife
jueves, 19 de enero de 2012
Parte I – capítulo segundo
El tintineo del hielo contra el cristal era uno de los sonidos preferidos de Nico. Júlia, al otro lado, lo miraba con sus ojos tan profundos, y una sonrisa muy amplia.
Su ropa de trabajo olía a cocina, pero no era algo que le molestase. En su vaso quedaba menos de la mitad de bebida.
-Siempre eres el último en irte y el primero en venir. ¿Como aguantas el ritmo?
-Por que sé que cuando termine una camarera muy guapa me pone mi ginebra con limón.
Nico le guiñó un ojo, y ella le devolvió el guiño.
Apuró el vaso y se lo devolvió. Se rasco la barba (manía que tenía) y se fue a cambiarse. A la salida, ya estaba duchado y con el olor a colonia barata pero agradable que tenía guardada en su taquilla. Se fue a encender el cigarro, pero Júlia fue más rápida. El humo salió por la nariz, mientras las miradas de los dos se cruzaban.
-Gracias.
-No hay de que-.
Ella siempre acompañaba sus palabras con un acento muy sexy, cosa que le permitía pagarse ropa nueva gracias a las propinas.
-¿Haces algo ahora?
-¿No te sobró ayer con tenerme hasta las 5 dando vueltas?
-Hoy solo te voy a sacar un rato, querido-. Le alargó la mano y se fueron juntos a un bar a un par de calles de allí, sitio conocido por muchos del restaurante.
Al entrar en el pub, serían sobre la una y media de la madrugada. Sonaba de fondo una canción de rock español. Rato después, Júlia y Nico estaban sentados hablando sobre sus vidas en una mesa.
-Y bueno, Nico ¿que es de tu hermana Sandra?
-Se que ahora está en alemania, trabajando en un hotel, pero hace mucho que no hablamos.
-Oh, vaya...
Siguieron hablando hasta que los hielos eran solo agua.
-Hora de irse, querido.
Júlia se levantó y se acercó a Nico. Le dio un beso en la mejilla y le susurró un “hasta mañana” muy cerca del oído. Luego, salió contoneándose a propósito.
El pobre cocinero, esa noche volvió a pasarse bebiendo.
Bip bip, bip bip. Bip bip, bip...
Marcaban las 11:30 en el reloj de la mesita de noche. Viernes a medio día, Nico se despereza hasta que se da cuenta de que a su lado hay otra persona.
Ella medio abre los ojos y le da un beso en el cuello. El intenta acordarse del nombre de la rubia que tenía a su lado.
-Good morning, sweety.
AH! ya se acordaba.
-Good mornig Alexa-. Y la sonrísa que siempre tenía Nico cuando se despertaba con una mujer.
12:56 marcaba cuando los dos se levantaron, sudados y acalorados de la cama. El hizo un almuerzo rápido, mientras ella se duchaba. Comieron algo y Alexa se marchó.
Maldita Júlia...
Un sms sonó a la una, cuando Nico estaba apunto de irse. Andrés Ballester: Hoy no hace falta que vengas. Hablamos mañana.
Extrañado, se guardó el movil, y aprovechó el día para arreglar la casa, hacer limpieza e ir a comprar.
A las cinco de la tarde bajó a hacer la compra al Mercat Central. En la época, tenían practicamente de todo, y Nico quería hacer algunas pruebas. Total, se dejó más de 150 euros en unas compras para un par de semanas solo para el.
Cuando dejó todo en su casa, se fue a mirarse algo de ropa y zapatillas, que no había tenido tiempo ni ganas de hacerlo en todo un año. A las nueve y pocos minutos, salía con dos bolsas grandes y una chaqueta de cuero puesta, de una tienda en El Carmen.
De camino cenó un par de pintxos y unos cuantos quintos, un café y una chocolatina que lo acompañaba.
Tumbado en el sofá de su casa, empezó a recordar, con la música de fondo de un grupo de Palencia que hacía unos años que no tocaban.
Empezó a imaginarse de pequeño, cuando iba, con cinco o seis años, en el coche de sus padres a casa de sus abuelos. Se acordaba muy bien de todo.
Su padre, con el pelo negro, una camisa azul y su anillo de casado, y su madre, una mujer guapísima, con su pelo castaño recogido en una coleta hacia un lado, sus ojos grises tan poco normales y su siempre imperturbable sonrísa. Ese día su hermana se había quedado en casa de una amiga, ya que estaba en primero de la ESO, y tenía que estudiar.
Olía a gasolina cuando el pequeño Nico se despertó. Siempre le había gustado ese olor. Pero se dió cuenta de que estaba boca abajo, y el coche estaba como roto por los cristales...
De un grito, Nico se sobresaltó y calló del sofá. Se toco la cara y la tenía empapada de lágrimas. Le temblaban las manos y casi no pudo encenderse el cigarro. Tenía el pulso aceleradísimo.
Ya no pudo dormir en toda la noche.
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